
-Esa es la casa de las madres- me decía siempre la mía cuando nos asomábamos por la ventana del hospital Santa Cristina dónde la suya estaba ingresada.
Como mi cámara está en el bolso, aprovecho la buena vista para hacer unas fotos, pensando "ya buscaré información para ponerlo en el blog si encuentro algo interesante"
El edificio es relativamente moderno, del 1930, actualmente está en concurso para su rehabilitación aunque no he podido encontrar para qué será utilizado cuando concluyan las obras.Lo que si he podido averiguar son algunas de las agridulces historias que guarda entre sus paredes gracias a un amplio trabajo de D. Pedro Espina Pérez muy muy interesante.
En realidad más que "casa de las madres" fue la "casa de los niños", llamada oficialmente "Instituto de puericultura de Madrid" y vulgarmente "nueva inclusa de Madrid".
Fue construido entre 1929 y 1931 porque el edificio destinado a tal uso que por entonces estaba en embajadores era ya un caserón viejo y frío con malas condiciones para los niños. Este sin embargo, iba a ser un centro con grandes ventanales por los que entrase la luz del sol, cesped en el que jugar, solarium, incluso piscina.
Otra de las mejoras fue la sustitución del torno dónde habitualmente dejaban a los niños por una sala más acogedora e íntima en la que Sor Irene consolaba a las madres con voz dulce y cariñosa. Una monja que trabajó en las inclusas desde 1917 hasta su muerte en 1977 registrando y archivando todos los papeles de ingreso, incluso los de las antiguas casas en los que aparece inscrito el héroe de Cascorro Eloy Gonzalo.
Inaugurado oficialmente en el 1933 el 25 de diciembre de ese mismo año, llegan seis niños, algunos con nombre, a otros se los tuvieron que poner y como no podía ser de otra manera fueron Natividad y Jesús, junto con apellido comunes evitando el Expósito, de la Cruz o de Dios típico de los hospicianos.
Se queman las ropas con las que llegan, se archivan las medallas y papeles que tuvieran y se les indica a las amas de cría a cual deben amamantar cada una.
El 6 de enero, los reyes magos no se olvidan del hospicio y llegan con regalos.
Todos los periódicos de la época dedican algún reportaje reconociendo y admirando la gran labor que se hace y lo bien cuidados que están los niños.
Pero en el 36 todo cambia, la situación en Madrid es cada vez peor y repercute en el centro: escacez de alimentos, falta de medicamentos, suciedad, aumento de niños, dos o tres muertes diarias... Todo ello agravado por la sustitución de las monjas por enfermeras poco preparadas y que hacen tan solo la mitad del trabajo. (Las monjas tienen que huir como paisanas ayudadas por los empleados).
A últimos de Octubre, el doctor Jaso Roldán, encargado del centro, recibe la orden de trasladar a todos los niños junto con las nodrizas y enfermeras a Valencia, dándole para ello tan solo unas cajas de leche merengada y 10000 pesetas.
En 1940, acabada la guerra, se retoma la actividad de la casa con una nueva organización en la que se encuentran de nuevo las Hermanas de la Caridad. Se recogen niños menores de dos años de cualquier procedencia: abandonados, de madres viudas, de matrimonios que no tienen medios económicos para mantenerlos... además de madres solteras de lactantes que pueden permanecer junto a sus hijos en la casa a cambio de amamantar también a otros niños. Se podía adivinar cual era el suyo y cual no.
Aunque el edificio tenía buenas instalaciones, éstas estaban ya muy deterioradas por el escaso mantenimiento que tuvieron en los años de la contienda y así las enseñaban a la prensa, aunque
orgullosos, los médicos enseñaban también la mesa en la que realizaban las autopsias donde las hizo anteriormente el profesor D. Ramón y Cajal.
Fotografía 1970 (Historia de las inclusas)En 1957 crecen las solicitudes de adopciones, y en 1969 se llega a la cifra máxima de 163.
El doctor Javier Matos, director del centro en esta epoca cuenta varias anecdotas en una entrevista:
Algunas parejas devolvieron a niños mulatos cuando al crecer se les oscurecía la piel.
Llevó a cabo una operación de un niño con un soplo en el corazón eligiendo a conciencia para ello a dos médicos sin hijos, uno de ellos adoptó al niño.
Recuerda especialmente el caso de un pequeño que llegó una tarde nevada de Nochebuena, el portero le preguntó qué hacía allí, a lo que el niño dándole un papel le respondió "mi mamá no me quiere".La carta de la madre lo explicaba todo, afortunadamente para él apena estuvo allí unas horas porque el día de Navidad fue a buscarlo una pareja que ya tenía varios niños adoptados.

Todas estas historias y muchiiiiisimas más sobre las inclusas de Madrid pinchando
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