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lunes, 1 de noviembre de 2010

Arquitectura en mayúsculas.


Cansada de haber conocido varios hospitales de Madrid por motivos poco agradables por fín el otro día me decidí a ir a uno donde ni tengo familiares, ni doctores que visitar, solo el propio edificio, el antiguo hospital de jornaleros de Maudes.
Un paseo desde Nuevos Ministerios por Raimundo Fdez. Villaverde dirección Cuatro Caminos, y en cinco minutos me planté delante del hermano pequeño del Palacio de Comunicaciones, quizá un poco más basto que éste, pero igual de interesante.

Hay que agradecer esta construcción a Doña Dolores Romero y Arano. Esta señora había fundado antes un colegio para niños huérfanos de la sierra de Albarracín y su obra caritativa continuó con este hospital de atención gratuita para trabajadores en un barrio de lo que entonces era el extrarradio de la capital.
En 1908 se pone en contacto con dos jóvenes arquitectos que acababan de ganar el concurso para la construcción del edificio de correos en la plaza de Cibeles: Antonio Palacios y Joaquín Otamendi. (No tuvo mal ojo la mujer) En 1916 finalizan la obra que costó nueve millones de peseta de los cuales cuatro fueron cubiertos por la señora, el resto, con donativos de otros patrocinadores.

De estilo ecléctico (como me gusta la palabreja), está construido sobre todo de piedra: granito, caliza, sílex, pizarra y mármol. La decoración con mosaicos cerámicos, lo que Gaudí llamó trecandis y que también hemos visto en otros edificios madrileños, es obra del también mecionado por aquí Zuloaga.


A diferencia de otros hospitales donde el centro era ocupado por la capilla, en éste encontramos un amplio patio octogonal para aprovecharse de la luz y el aire saludable de la zona, al que por desgracia no me dejaron acceder.
Solo veinte años sirvió para lo que realmente fue construido pues en 1936 llega la guerra civil e incautado por las milicias populares se convierte en hospital de sangre, para después,al finalizar la contienda pasar a ser hospital militar.
También como tantos otros edificios que ya hemos visto en el blog estuvo abandonado; en los años setenta era una almacén de chatarrería habitado por marginados hasta que los vecinos se unen para luchar por su rehabilitación bajo el lema "Salvad Maudes" y consiguen que sea declarado Monumento Histórico Artístico nacional. Gracias a ellos la recién nacida Comunidad de Madrid lo compra e inicia las obras que convierte la sala de operaciones en biblioteca, el pabellón de infecciosos en sala de exposiciones, etc, hasta llegar a ser hoy la Consejería de Obras Públicas, Urbanismo y Transporte de la Comunidad de Madrid.

A la capilla, que es lo único que no es propiedad de la comunidad, si que se puede entrar.
Se encuentra en la calle principal.
Cuando llegué me llevé una decepción porque estaba cerrada, pero parece que el chasqueo de mi cámara al hacer las fotos de la fachada sonó como un "ábrete sésamo" porque las puertas se abrieron mágicamente. Y cómo no, me maravillé al ver las coloreadas vidrieras dedicadas a los trabajos del campo y la mar, la cúpula de vidrio y hierro con motivos vegetales y las majestuosas lámparas.
Todo, incluido los bancos, son los originales, me lo comentó la señora que abrió la iglesia. Me contó además que la distribución del hospital estaba pensada de forma que las enfermeras ocupaban la parte que da a la calle Maudes y los enfermos los "brazos" para poder tenerlos más cerca y mejor controlados.
En la cripta está enterrada la fundadora Doña Dolores.




Mientras estaba haciendo las fotos, llegó otra mujer a aguarme la fiesta, ni corta ni perezosa y en voz lo suficientemente desagradable y alta para que me diese por aludida le dijo a su amiga
-Cuidado, que menudo reportaje te están haciendo...
-No pasa nada, me ha pedido permiso.
Y yo me pregunto ¿por qué le gusta tanto a la gente meterse donde no la llaman? Menos mal que tengo un pasotismo innato que rápidamente me hace pensar en otra cosa para calmar la mala leche que se me pone cuando pasa algo así.

sábado, 17 de octubre de 2009

Inspiración francesa


Este encantador edificio de la calle Mayor que hoy huele a perfume francés guardó en su interior desde finales del siglo XIX el aroma de un delicioso chocolate.
Don Jaime Méric, banquero francés, fundó la primera fábrica española de chocolate contribuyendo con ella al desarrollo industrial del país. El cacao era importado de la colonia de Guinea, de ahí que el nombre de la marca fuese "La Colonial".
En 1864, el negoció creció tanto que tuvieron que construir una nueva fábrica en un vasto terreno de Pinto, dando así trabajo a casi todo el pueblo. Además compraron este edificio en pleno centro de la capital para establecer ahí almacén, despachos y oficinas.
Ya en el nuevo siglo su hijo, heredero del negocio, encargaría a los arquitectos también padre e hijo Miguel y Pedro Mathet una reforma íntegra del interior así como la remodelación de la fachada atendiendo a los gustos modernos de la época.


De nuevo cerámicas de Daniel Zuloaga nos muestran que no solo se dedicaban a la producción de chocolate sino también a la importacón de café, té y azúcar entre otros.
Del interior solo queda original las puertas y vidrieras de la entrada.












Ecléctico por sus formas, pero por sus ornamentos habreis podido adivinar que es otro de los pocos y bonitos ejemplos de modernismo que hay en Madrid inspirado en el art noveau francés, como no podía ser de otra manera.


He intentado averiguar que pasó con los chocolates, pero pierdo la pista en el año 1940 cuando la fábrica de Pinto se constituye como sociedad anónima y el edificio de Madrid se vende a otro propietario.
Lo que si he encontrado son varios anunción en los periódicos que me han dejado con la ganas de probarlo.

lunes, 11 de mayo de 2009

Un elegante Ministerio


Vaya, vaya. Tenía este edificio un poco apartado (casi tanto como el blog ultimamente) por ser de los más conocidos de la ciudad. Aunque no aparecca en las guías es lo primero que se encuentra de frente el viajero que entra a Madrid por la puerta de Atocha. Varias veces también lo hemos podido ver en telediarios como telón de fondo mientras los agricultores reparten frutas para protestar por sus precios.
Pues gracias a la sugerencia de una fiel seguidora me he puesto a investigar y vaya si me lo ha puesto dificil. No se si con intención o no (espero que me lo comente) me ha llevado hasta los tan perseguidos masones, seguro que a todos os suenan aunque solo sea por aquel cápitulos de los Simpsons en el que Homer canta "We do, we do".

La cuestión es que por su fachada, parece ser que se encuentra dentro de lo que se podría considerar arquitectura masónica de Madrid, junto con el Pasillo Verde o la Puerta del Sur de los que ya habrá tiempo de hablar. Ya digo que me está siendo muy difícil montar esta entrada, pues no he encontrado ninguna información sobre qué elementos exactamente son los símbolos masónicos, simplemente lo nombran como tal. Así que tras rodear la gran mole para fotografiar cada detalle, ahora, intentaré interpretarlos con la ayuda de los datos que tengo sobre la logia. Espero seais benévolos si me equivoco y me corrijais si teneis conocimientos sobre el tema.

Empezamos por el imponente pórtico de tres plantas.

En la primera, dos gigantescas e imponentes cariátides representan el comercio y la industria. Los símbolos que encontramos son la rueda dentada, que simbolizan el progreso, espigas de trigo (nacimiento y muerte) y cadúceo (ciencia y progreso) en la primera

.
















La maza (autoridad) y como no, la escuadra (rectitud masónica) en la segunda.
En la planta intermedia, columnas corintias, símbolo de la unión entre el cielo y la tierra. La última está coronada por el grupo escultórico "La Gloria y los Pegasos", una alegoría al progreso encargada al escultor Agustín Querol basada en la mitología griega, que en principio eran de mármol pero se sustituyeron por las actuales de bronce obra de Juan de Avalo para evitar accidentes por desprendimiento como ya ocurriera en marzo del 76 cuando se desprendieron algunos trozos. Actualmente las originales se encuentran en Legazpi y la glorieta de Cádiz.



En dicho grupo se pueden encontrar varios símbolos pero también lo son de la mitología griega, por tanto, quizá todo esto sea simplemente una suposición, a vuestro criterio lo dejo. Teneis una amplia explicación aquí.

A lo largo de la fachada abundan las cerámicas de nuestro ya conocido Zuloaga, el de la torre adornada, con diferentes imágenes que no he sabido asociar a los masones.




Las columnas vuelven a ser protagonistas rodeando y sirviendo de verja a toda la construcción.


Masónico o no ya veis que no le falta detalle.

lunes, 24 de noviembre de 2008

La torre adornada


A unos pasos del km cero se encuentra una de las plazas más pequeñas y bonitas de la capital, la plaza de Canalejas, cuyo conjunto arquitectónico merece la pena observar y estudiar detenidamente.
Esta vez me quedo en la Casa de Don Tomás Allende, su nombre no lo conocía hasta hoy mismo, para mí era (y es) "el edificio de la torre adornada de Canalejas".

Fue construido como edificio para comercios en su planta baja y viviendas en las superiores proyectado por Leonardo Rucabado (aunque finalizado tras su muerte por Saiz Martínez y Cabello Maíz). Este arquitecto cántabro quiso traernos a Madrid un cachito de su tierra utilizando para ello el estilo montañés y regional, típico de la época (1916-1920).
La solana montañesa de madera bien lustrada en la fachada de la carrera de San Jerónimo, así como los escudos de armas y las torres en ladrillo y piedra adornada con cerámicas del taller del pintor Zuloaga hacen que este edificio sea uno de los más fotografiados por los turistas.















Quisiera saber que sentirían los inquilinos del ático el 31 de diciembre al tomar las uvas con las campanadas del reloj de Sol a la vuelta de la esquina sonando en directo para ellos, sin necesida de encender televisión ni radio.
Afortunados.
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