jueves, 16 de diciembre de 2010

Tragedia romántica

Los golpes se oían desde la escalera.
Mientras él descargaba su ira contra muebles y paredes, ella quedaba arrinconada con la cabeza gacha, llorando en silencio, clavándole una mirada que desprendía un odio tan apasionado como aquellos momentos de amor que ahora estaban tan lejos. Dudaba entre callar y soportar la tormenta hasta que amainara o estallar soltando gritos como truenos.
- No puedes tratarme así, ¡como eres capaz de hacerme esto! Después de tanto tiempo....¿por qué?- decía él con mirada suplicante.
- Ya lo he decidido, me iré con él definitivamente. Se acabó.- dijo ella con la mano estirada esperando recibir algo, con los ojos hinchados y los labios temblorosos. - Aquí tienes tus cartas, devuélveme las mías. Por favor....
Minutos después salió de la casa y se unió a su cuñada que esperaba en la puerta, pero solo había bajado cuatro peldaños cuando un tremendo estruendo la heló la sangre, quedó paralizada con los ojos muy abiertos y la mente en blanco sin querer imaginar lo que había pasado. Pero cuando por fin reaccionó bajó corriendo sin mirar atrás, la decisión estaba tomada y ni siquiera aquello la haría cambiar de opinión.


De puertas para adentro, Mariano José de Larra con solo veintisiete años quedaba tendido en el suelo con una pistola junto a la mano derecha y un tiro en la sien, en el segundo piso del número tres de la calle Santa Clara. Murió como el gran romántico que fue. Suicidado la víspera de San Valentín de 1837 por el desamor de su amante Dolores Armijo aunque ya era un enfermo terminal por el amor a su país. Sufría viéndolo masacrado por hipócritas y corruptos sin poder hacer nada para evitarlo.
La impotencia se veía reflejada en sus artículos que ya presagiaban este trágico final.


“Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla como en una pesadilla abrumadora y violenta. Porque no escribe uno ni siquiera para los suyos. ¿Quiénes son los suyos? ¿Quién oye aquí?”.
...
La Bolsa. Aquí yace el crédito español . Semejante a las pirámides de Egipto, me pregunté, ¡es posible que se haya eregido este edificio sólo para enterrar en él una cosa tan pequeña!
....

Una nube sombría lo envolvió todo. Era la noche. El frío de la noche helaba mis venas. Quise salir violentamente del horrible cementerio. Quise refugiarme en mi propio corazón, lleno no ha mucho de vida, de ilusiones, de deseos.
¡Santo cielo! También otro cementerio. Mi corazón no es más que otro sepulcro. ¿Qué dice? Leamos. ¿Quién ha muerto en él? ¡Espantoso letrero! ¡Aquí yace la esperanza!


El suicidio es pecado y a los suicidas no se les puede enterrar en campo santo, pero Larra era tan apreciado que consiguieron que la iglesia lo considerase un accidente y pudo ser enterrado en el desaparecido cementerio Puerta de Fuencarral dónde un jovencísimo Zorrilla le dedicó un brillante poema.

Dolores, que embarcó rumbo a Filipinas para reencontrarse con su marido, nunca llegaría a las islas, su barco naufragó.

Cada 13 de Febrero varios periodistas honran su memoria recorriendo los lugares de Madrid en los que estuvo: su casa, la estatua frente a la catedral de la Almudena... para acabar en el Sacramental de San Justo "rezándole" el Larra nuestro que le escribió el periodista Alfredo Amestoy.



Larra nuestro que estás en los cielos

glorificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu ejemplo y hágase tu realidad,
tu sueño de España,
tanto en la Tierra como en el Cielo.
El artículo nuestro de cada día inspíranoslo hoy
y perdona nuestros plagios
así como nosotros perdonamos a quienes nos plagian
no nos dejes caer en la corrupción
y líbranos de la sumisión al poder.
Amén.

2 comentarios:

Flores dijo...

A Larra no le tengo yo muy leido ni muy ubicado pero de esos tiempos hubo un montón de escritores que no acabaron muy bien sus vidas, estaba de "moda" eso de suicidarse o hacer que lo matara otro.
La verdad es que Madrid está lleno de pequeñas grandes historias que nos asaltan en pequeñas placas puestas en las fachadas de los edificios...
Besos

Laura dijo...

Yo tampoco conocía apenas nada de él. Pero que curiosos los artículos, es como si los tiempos no cambiasen ¿!que te parece lo de la bolsa!?
Besos

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