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jueves, 9 de diciembre de 2010

Lo que no te mata te hace más fuerte

El otro día viendo un vídeo de Muse rodado en el Palacio de los Deportes, dónde por cierto sale muy favorecido (orgullo patrio), me pregunté por qué aún no le había dedicado ninguna entrada a este multiusos en el que he pasado tan buenos momentos: los gorgoritos a dúo con Manolo García: ("Mándame en un sobre, tu sonrisa rota, rápido, García, yo te la compongo.");
los eufóricos bailes con los Franz Ferdinand (si ya lo dijeron ellos "hacemos música para que bailen las chicas"); y no digamos ya rumbeando con mi hermana al son de los hermanos Muñoz.

Pero también en lo más recóndito de mi cabeza se esconden como una sucesión de fotografías algunos recuerdos de mucho antes de que el palacio resurgiera de sus cenizas.
Mi padre, el "Bahamontes" del barrio, nos llevaba a mis hermanos y a mi a ver a los ciclistas. Recuerdo esa casi pared de madera pulida y como subían y bajaban por ella a toda velocidad. Lo que más nos gustaba era cuando al finalizar la carrera lanzaban Huesitos y bandoleras de tela a las gradas. Dudo que tuviese más de seis o siete años por aquel entonces.
Por eso cuando en 2001 se incendió me dio mucha lástima. En tan solo una hora el fuego originado por un soplete hizo que la cúpula se desplomase entera sobre el velódromo y la pista de baloncesto.
Apenas quedó nada en pie de aquel edificio construido en 1960 y se barajó la posibilidad de derribarlo totalmente. Pero afortunadamente prefirieron aprovechar las fachadas que quedaron y construir el resto tal y como lo conocemos hoy. 124 millones de euros costó el tratamiento a cargo de los doctores Enrique Hermoso y Paloma Huidobro.
Y ya se sabe, lo que no te mata te hace más fuerte y desde luego este lugar es uno de los mejores que tenemos en la comunidad para disfrutar de cualquier evento lúdico: lo mismo te lo encuentras con tíos boxeando que con Mickey patinando sobre hielo.
En breve lo visitará Lady Gaga.


Al darle la vuelta me topo con un enorme anuncio del club de esgrima, lo que me recuerda que tengo pendiente probar este deporte tan chulo que siempre me ha llamado la atención. Algún día...

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Caprichosas


Me considero caprichosa aunque esté mal visto y alabo el gusto y el capricho de la duquesa que dio lugar a este frondoso parque, tan recóndito, que las dos veces que he ido me ha costado ruegos y preguntas a los vecinos de la Alameda de Osuna para dar con él.

María Josefa Pimentel (1752-1834) era una de las mujeres más inteligente de su época. Tenía uno de los salones literarios más importantes de Madrid, era gran admiradora del arte y mecenas de importantes personajes, entre ellos Goya.
Por eso no sorprende que para la creación del jardín de su finca trajese a los mejores artistas y jardineros a los que ella misma supervisó para convertirlo en su particular paraíso donde dar rienda suelta a sus extravagancias.
El nombre, Parque del Capricho, tiene su origen en los varios decorados que se inventaba esta mujer para sorprender a sus invitados en las afamadas fiestas que celebraba. Uno de ellos que aún se conserva es "La casa de la vieja"; simulaba una cabaña de campesinos habitada por una familia de autómatas que se dedicaban a sus labores campestres .


En cada esquina del parque encontramos curiosas historia que seguramente pasan desapercibidas a los sorprendidos visitantes.
Por ejemplo, El columpio, Las cuatro estaciones, La merienda campestre o La pradera de San Isidro de Goya estaban colgadas en las habitaciones del palacio.
El laberinto de laureles, conservado hoy tal y como lo tuviera la duquesa, era el lugar favorito para el escondite y los juegos amorosos.
En este templete de Baco se rodaron algunas de las escenas de la película "Doctor Zhivago" (y adelanto que no es el único lugar de Madrid que aparece en ella).



Algo que no vi pero que nos muestran con fotos impresionantes en abandonalia es el entramado de búnkers que aún se conservan de cuando el parque fue Cuartel General del Ejército del Centro en la guerra civil.

Más alegre es el pequeño estanque que da una total tranquilidad y nos refresca los suspiros en estas últimas tardes de verano.


Pero lo que más me gustó fue el salón solitario de moqueta de tierra, columnas de madera y techos de hojas verdes por las que se filtran sólo los necesarios rayos de sol. Una perfecta arquitectura, la de la primera foto.
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